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2 DE OCTUBRE NO SE OLVIDA

Ciudad de México, 2 de octubre de 1968

La tarde cayó sobre Tlatelolco como caen las sombras sobre una ciudad que todavía no sabe que está a punto de guardar uno de sus días más dolorosos.

Había estudiantes.
Había jóvenes.
Había familias.
Había voces que pedían libertad, democracia, justicia.

Había un país que quería ser escuchado.

Y entonces, las balas.

La Plaza de las Tres Culturas, testigo de siglos de historia, se convirtió aquella tarde en escenario de muerte. La violencia del Estado alcanzó a quienes estaban ahí, y muchos no volvieron a casa.

Aquel 2 de octubre no fue solamente una fecha.
Fue una herida abierta en la memoria de México.

Por quienes cayeron.
Por quienes fueron perseguidos.
Por quienes buscaron a sus hijos durante noches interminables.
Por quienes sobrevivieron con el recuerdo de aquella tarde.
Por quienes, aun con miedo, siguieron levantando la voz.

Hoy sus nombres permanecen
más allá de los muros,
más allá de los discursos,
más allá del tiempo.

Porque un país también se construye recordando
aquello que alguna vez quiso olvidar.

Recordamos a los estudiantes del 68
no como cifras, sino como seres humanos:
jóvenes con sueños,
con familias,
con amigos,
con un futuro que les fue arrebatado.

Y recordamos también a quienes continuaron luchando por un México donde disentir no significara morir, donde exigir justicia no fuera un delito, donde la juventud pudiera levantar la voz sin tener que temer por su vida.

2 de octubre no se olvida
porque la memoria es también una forma de justicia.

Que sus nombres permanezcan.
Que sus historias se cuenten.
Que sus familias sean recordadas.
Que las nuevas generaciones sepan que hubo jóvenes que salieron a las calles creyendo que México podía ser diferente.

A ellos,
a los que cayeron,
a los que sobrevivieron,
a los que siguieron luchando:

nuestro respeto, nuestra memoria y nuestro homenaje.

Porque mientras México recuerde, Tlatelolco seguirá hablando.

Y mientras sus voces permanezcan en nuestra memoria, Aquella tarde del 2 de octubre no será silencio.

Será memoria.
Será dignidad.
Será historia.

Por: Redacción LCA