Bally Bagayoko se interpone entre la policía y estudiantes durante protestas en Francia
El alcalde de Saint-Denis respaldó a los jóvenes movilizados y cuestionó la respuesta policial ante las manifestaciones estudiantiles.
PARÍS, Francia, 7 de octubre de 2026. — El alcalde de Saint-Denis, Bally Bagayoko, se convirtió en una de las figuras más visibles de las recientes protestas estudiantiles en Francia después de intervenir directamente para proteger a jóvenes manifestantes durante un enfrentamiento con agentes de policía.
Bagayoko participó el martes en una manifestación estudiantil en París y se colocó entre los policías y un grupo de jóvenes cuando la tensión aumentó. En imágenes difundidas de la protesta se observa al alcalde intentando detener el avance de los agentes y pidiendo que cesaran las acciones contra los estudiantes.
Denuncias por abusos policiales
Las movilizaciones han estado acompañadas de denuncias sobre un uso excesivo de la fuerza contra estudiantes. Según reportes recientes, organizaciones de derechos y sindicatos han cuestionado el empleo de porras, gases lacrimógenos y armas antidisturbios de proyectiles no letales durante las protestas, en particular cuando se trata de menores de edad.
Uno de los casos que provocó mayor preocupación fue el de un estudiante de 15 años, quien sufrió una grave lesión en una mano durante un enfrentamiento con la policía. Tras este incidente, las autoridades francesas anunciaron la suspensión del uso de granadas aturdidoras durante las protestas estudiantiles. El ministro del Interior también informó que 18 incidentes relacionados con la actuación policial estaban siendo investigados.
Durante la manifestación del martes, Bagayoko también fue alcanzado por gases lacrimógenos. El alcalde declaró posteriormente que los policías habían decidido avanzar contra los estudiantes, pese a que, según su versión, muchos de ellos no estaban mostrando una conducta agresiva.
El conflicto aumenta la tensión política
Las protestas comenzaron con reclamos relacionados con las condiciones de los centros educativos, entre ellos el hacinamiento, el deterioro de las instalaciones, la falta de profesores y la desigualdad de oportunidades. Las movilizaciones se extendieron posteriormente a otras ciudades francesas.
El Gobierno francés, por su parte, ha condenado los episodios de violencia registrados durante algunas manifestaciones y ha señalado que también policías, profesores y ciudadanos han resultado afectados. Las autoridades educativas informaron además de daños graves en varios centros escolares.
La actuación de Bagayoko le ha generado críticas desde sectores del Gobierno. A finales de septiembre, el prefecto de policía de París remitió un informe a la justicia por una presunta “provocación a cometer un delito”, relacionada con declaraciones del alcalde sobre la violencia durante las movilizaciones. Bagayoko rechazó que estuviera promoviendo la violencia y afirmó que su objetivo era apoyar las reivindicaciones de los jóvenes.
“Podrían ser mis hijos”
Bagayoko ha defendido públicamente su decisión de permanecer junto a los estudiantes. En declaraciones posteriores a la manifestación, explicó que considera que los jóvenes movilizados podrían ser sus propios hijos y que, por esa razón, considera su responsabilidad estar a su lado.
Mientras continúan las protestas, el Gobierno francés enfrenta el desafío de responder a las demandas educativas y, al mismo tiempo, garantizar el orden público. El primer ministro Sébastien Lecornu anunció que el Ejecutivo revisará las reivindicaciones de los estudiantes y presentará propuestas a finales de octubre.
La controversia sobre la actuación policial y el respaldo de Bagayoko han convertido las protestas estudiantiles en uno de los principales focos de tensión política de Francia, con un debate abierto sobre los límites de la intervención policial y el derecho de los jóvenes a manifestarse.
Las dictaduras disfrazadas del «primer mundo»
Y no, no ocurre en un país latinoamericano señalado con frecuencia de ser una “dictadura”. Ocurre en Francia, uno de los países que suelen ser presentados como parte del llamado “primer mundo”, donde se supone que las instituciones, el respeto a los derechos y la convivencia democrática deberían funcionar de manera ejemplar.
Las imágenes de estudiantes enfrentándose a la fuerza policial, junto con las denuncias sobre abusos, abren una pregunta incómoda: ¿hasta dónde llega el derecho de un Gobierno a mantener el orden y dónde comienza el derecho de los ciudadanos a protestar? Porque la democracia no se demuestra únicamente en los discursos, sino también en la manera en que un Estado trata a quienes salen a las calles para ser escuchados.
Por: Redacción LCA




