Foto: Manipulación electoral fraudulenta / IA

¿Pueden los algoritmos cambiar el resultado de una elección cerrada?

Tecnología, manipulación informática e integridad electoral

En una elección democrática, una diferencia de pocos votos puede determinar quién obtiene el poder. Al mismo tiempo, la creciente incorporación de sistemas informáticos a los procesos electorales plantea una cuestión fundamental: ¿qué sucedería si un algoritmo, un programa informático o un sistema de inteligencia artificial fuera utilizado para alterar el resultado de una elección cerrada?

La pregunta no pertenece únicamente al terreno de la ciencia ficción. Los sistemas digitales pueden intervenir en distintas etapas de una elección: desde la difusión de información política y la segmentación de votantes hasta el registro, el procesamiento, la transmisión y la publicación de los resultados. Cada una de estas etapas presenta riesgos diferentes, que deben analizarse con rigor técnico y evidencia verificable.

No obstante, es necesario establecer una distinción fundamental: demostrar que un sistema informático puede ser vulnerable no significa demostrar que fue manipulado en una elección concreta. El verdadero desafío consiste en determinar qué riesgos existen, bajo qué condiciones podrían afectar el resultado y qué mecanismos permitirían detectar una intervención.

1. ¿Qué papel desempeñan los algoritmos en una elección?

Un algoritmo es un conjunto de instrucciones que permite procesar información y producir resultados conforme a determinadas reglas. En el ámbito electoral, los algoritmos pueden utilizarse para contabilizar votos, validar registros, transmitir datos y organizar la información que se presenta al público.

También intervienen en las plataformas digitales que recomiendan contenidos, clasifican publicaciones y personalizan anuncios políticos. Aunque estas funciones son distintas, ambas pueden influir en la percepción pública de una elección.

Por ello, es importante diferenciar dos escenarios. El primero consiste en influir en las decisiones de los electores mediante sistemas de recomendación, publicidad automatizada o inteligencia artificial. El segundo consiste en alterar el registro o el cómputo de los votos mediante una vulnerabilidad o una intervención no autorizada en los sistemas electorales.

Un estudio publicado en la revista Nature en 2025 encontró que las conversaciones con modelos de inteligencia artificial que defendían a determinados candidatos podían modificar las preferencias políticas de algunos participantes en experimentos realizados en Estados Unidos, Canadá y Polonia. Estos resultados muestran que la inteligencia artificial puede influir en la opinión política, pero no demuestran que haya alterado los resultados oficiales de esas elecciones.

2. El riesgo tecnológico en una elección con pocos votos de diferencia

En una elección cerrada, la relevancia de una posible alteración informática depende del margen entre las candidaturas. Si la diferencia es reducida, un error sistemático en la contabilización, una configuración incorrecta o una modificación no autorizada de los datos podría tener consecuencias importantes.

Imaginemos, como ejemplo hipotético, una elección con los siguientes resultados:

  • Candidatura A: 500 400 votos.
  • Candidatura B: 500 000 votos.

La diferencia sería de 400 votos. Si existiera un error de contabilización que afectara a más votos que esa diferencia, el resultado podría cambiar. Sin embargo, este ejemplo no demuestra que tal alteración haya ocurrido ni que sea sencilla de ejecutar: únicamente ilustra por qué la precisión y la verificación independiente son especialmente importantes cuando el margen es pequeño.

Desde una perspectiva informática, el problema no se limita a que un programa pueda contener errores. También importa quién puede modificar su configuración, cómo se protegen los datos, qué registros quedan disponibles para una auditoría y si existe evidencia independiente con la cual contrastar el resultado.

Investigadores del Centro de Tecnología de la Información y Política de Princeton han señalado que los programas electorales pueden presentar vulnerabilidades y que una alteración de su funcionamiento podría afectar la contabilización. Por esa razón, recomiendan que los sistemas produzcan evidencia verificable de los votos y que se realicen auditorías antes de certificar los resultados.

3. ¿De qué maneras podría producirse una alteración informática?

Existen varias categorías de riesgo que conviene estudiar sin confundirlas entre sí.

Errores o modificaciones del software de conteo. Un defecto de programación, una configuración incorrecta o un cambio no autorizado podría provocar discrepancias entre los votos registrados y los resultados calculados. La gravedad dependería del sistema afectado, del alcance del problema y de la posibilidad de verificar el conteo mediante registros independientes.

Interferencia en la transmisión y publicación de resultados. Los datos que aparecen en una página web durante la noche electoral pueden proceder de sistemas distintos de los que conservan y certifican los resultados oficiales. Si una plataforma de publicación mostrara cifras incorrectas, podría crear confusión pública sin que necesariamente se hubieran alterado los votos realmente emitidos. Por ello, es esencial distinguir los resultados preliminares de los oficiales.

Manipulación de datos electorales. Las bases de datos utilizadas para administrar información electoral deben protegerse contra accesos no autorizados y modificaciones indebidas. Un incidente podría afectar la disponibilidad o la integridad de ciertos datos, aunque su impacto dependería de las medidas de seguridad y de los procedimientos alternativos existentes.

Influencia algorítmica sobre los votantes. Los sistemas de recomendación y la publicidad personalizada pueden distribuir mensajes políticos de manera desigual. La inteligencia artificial también permite producir grandes cantidades de contenidos, incluidos materiales engañosos. Estas prácticas pueden alterar el entorno informativo de una campaña, pero no equivalen por sí mismas a cambiar los votos ya emitidos o su contabilización.

La evaluación de estos riesgos requiere pruebas técnicas, registros de actividad, revisión del código cuando corresponda y comparación con fuentes de información independientes.

4. ¿Cómo podría detectarse una manipulación?

Uno de los problemas más importantes es que los resultados digitales, por sí solos, no siempre permiten demostrar que los votos fueron contabilizados correctamente. Si la única evidencia disponible procede del mismo sistema informático que produjo las cifras cuestionadas, una revisión limitada a ese sistema podría no ser suficiente.

Por esta razón, los especialistas en seguridad electoral destacan la importancia de la independencia del software: un error o una modificación del programa no debería poder cambiar el resultado sin dejar una vía independiente para detectar la discrepancia.

Entre los principales mecanismos de verificación se encuentran:

  • Boletas físicas verificables: permiten contrastar los resultados electrónicos con las selecciones registradas en papel.
  • Auditorías posteriores a la elección: comparan muestras de boletas con los resultados del sistema y pueden ampliarse si aparecen discrepancias.
  • Recuentos independientes: permiten volver a contabilizar los votos cuando lo exigen las normas o cuando las inconsistencias justifican una revisión.
  • Registros de auditoría y control de acceso: ayudan a reconstruir qué operaciones se realizaron y si hubo modificaciones no autorizadas.
  • Transparencia y observación electoral: facilitan la revisión independiente de los procedimientos y de la evidencia disponible.

El Centro Carter explica que las auditorías con limitación de riesgo utilizan muestras de boletas físicas para comprobar estadísticamente si el resultado anunciado es correcto. Si la evidencia no es suficiente, la revisión puede ampliarse hasta llegar, cuando sea necesario, a un recuento manual completo.

Ningún mecanismo aislado garantiza una seguridad absoluta. La protección más sólida combina controles informáticos, evidencia física, procedimientos transparentes y supervisión independiente.

5. El verdadero desafío: demostrar la posibilidad y comprobar los hechos

La discusión sobre los algoritmos electorales debe evitar dos extremos. El primero consiste en asumir que la tecnología es infalible porque los sistemas están automatizados. El segundo consiste en afirmar que una elección fue manipulada únicamente porque el resultado fue inesperado, la diferencia fue pequeña o aparecieron anomalías en internet.

Desde el punto de vista científico, hay al menos tres niveles distintos de evidencia:

  1. Vulnerabilidad teórica: existe una posibilidad técnica de que un sistema falle o sea alterado.
  2. Vulnerabilidad demostrada: una prueba controlada confirma que un defecto puede producir una modificación o discrepancia.
  3. Manipulación comprobada en una elección: existen pruebas verificables que vinculan una intervención concreta con los datos electorales y permiten evaluar su impacto sobre el resultado.

Esta distinción es esencial. La seguridad informática requiere identificar vulnerabilidades antes de que sean explotadas, pero las conclusiones sobre una elección específica deben apoyarse en pruebas del caso concreto.

También debe considerarse que una irregularidad técnica no necesariamente cambia al ganador. Para establecer que una intervención fue decisiva, es necesario determinar cuántos votos fueron afectados, en qué sentido y si la diferencia resultante habría modificado el desenlace oficial.

6. ¿Qué medidas deberían adoptarse?

La respuesta al riesgo tecnológico no consiste en rechazar toda innovación, sino en diseñar sistemas cuya fiabilidad pueda comprobarse de manera independiente.

Las autoridades electorales deberían exigir pruebas de seguridad antes de cada elección, controles estrictos sobre los cambios de software, protección de los equipos, documentación de los procedimientos y planes de respuesta ante incidentes. También es importante evitar que la publicación de resultados dependa de una única infraestructura vulnerable.

En las elecciones donde se utilizan sistemas electrónicos, la disponibilidad de registros verificables y auditorías independientes resulta especialmente relevante. El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos publicó en 2024 un perfil de ciberseguridad específicamente orientado a reducir los riesgos de los sistemas y equipos que apoyan la administración electoral.

Además, las plataformas digitales deberían ofrecer mayor transparencia sobre la publicidad política y el funcionamiento de sus sistemas de recomendación. La alfabetización digital y la verificación de información también son fundamentales para evitar que una campaña de desinformación se confunda con una prueba de alteración del conteo.

Detectar, investigar y corregir ese error antes de certificar la elección

La posibilidad de que un algoritmo influya o interfiera en una elección cerrada constituye una cuestión legítima de investigación tecnológica. Los sistemas informáticos pueden contener errores, configurarse incorrectamente o sufrir intervenciones no autorizadas, y una alteración suficientemente grande podría ser decisiva cuando la diferencia entre candidaturas es reducida.

Sin embargo, la posibilidad técnica no debe confundirse con la existencia de un fraude demostrado. La pregunta central no es únicamente si una computadora puede producir resultados incorrectos, sino si el sistema electoral permite detectar, investigar y corregir ese error antes de certificar la elección.

La confianza democrática en la era digital depende de que los resultados no tengan que aceptarse por fe en un programa informático. Deben poder verificarse mediante evidencia independiente, auditorías transparentes y procedimientos accesibles a la observación pública. En una elección cerrada, esa capacidad de comprobación es especialmente importante: constituye la diferencia entre confiar ciegamente en la tecnología y contar con pruebas de que la voluntad ciudadana fue respetada.

Por: Redacción LCA